jueves, febrero 19, 2009

DEMOKRAZIA

La anulación de las listas de Askatuna y D3M supone un hito histórico para la democracia en Euskadi. Continua sin haber un ejercicio pleno de la libertad por la extorsión y la violencia de ETA, es cierto. La democracia, no obstante, ha salido de su adolescencia en las Vascongadas. Por primera vez desde el fin de la dictadura, el parásito del totalitarismo etarra estará fuera del legislativo vasco. En algún momento será expulsado también de los ejecutivos locales. Entonces la joven democracia vasca, que las próximas elecciones autonómicas quedará inaugurada en Euskadi, habrá entrado en esa etapa en la que tiene que construir su identidad, construirla al margen de ETA. Demokrazia joven intentando ser adulta… si se lo permitimos.

Todavía no estamos en ese punto. Ha costado abandonar la adolescencia. Y el costo ha sido elevadísimo. Demasiados muertos asesinados. Era imposible pensar en una democracia que entrara en su etapa de juventud adulta con ETA en las instituciones del Estado de Derecho. Hasta la próxima convocatoria electoral de marzo ha venido siendo así. La democracia en Euskadi estaba infantilizada. Cada votación, cada pronunciamiento de la ciudadanía, estaban manchados de ETA. Aún lo están en un número intolerable de ayuntamientos. Es como si en el parlamento israelí votara Goebbels.

Richard Williamson es un obispo católico de origen británico. Hasta hace muy poco no era obispo. Desde 1988 concretamente. Entonces, bajo el papado de Juan Pablo II, fue excomulgado y apartado de su sacramento por haber sido uno de los obispos ordenados por Marcel Lefebvre en el marco de la que se conoce como Sociedad de San Pío X (SSPX), visceralmente contraria al Vaticano II. Lefebvre comenzó a ordenar obispos por sí mismo para la SSPX sin el permiso del Papa. Estoy convencido de que el francés Lefebvre pretendía acercarse a emular la hazaña del monarca más absoluto de Inglaterra, Enrique VIII, con el anglicanismo. En realidad lo que hizo Enrique VII fue, ni más ni menos, que fundar la Iglesia de Inglaterra y autonombrarse representante de Dios en esa porción insular del planeta tierra. A Lefebvre no le acompañó la época para semejantes hazañas, entre otras cosas porque tampoco era monarca de una isla.

Ratzinger era inquisidor mayor con Juan Pablo II y ahora, como Papa, acaba de rehabilitar a Williamson. Nada más recuperar el orden sacerdotal y ya como obispo, el lefebvriano Williamson ha declarado a una cadena de televisión sueca que el holocausto, tal como lo conocemos, nunca existió. El obispo que opina que la iglesia que salió del Concilio Vaticano II es demasiado moderna y hasta herética, también considera que el cómputo de judíos exterminados por los nazis es, en realidad, de un cinco por ciento sobre los 6 millones contabilizados por la Historia. De esos trecientos mil judíos aniquilados ninguno lo fue, en palabras del obispo rehabilitado Williamson, a través de cámaras de gas en campos de concentración. Durante la entrevista, el seguidor lefebvriano advierte a los periodistas suecos que si manifestara sus opiniones en Alemania sería inmediatamente arrestado y juzgado.

Negar el Holocausto en Alemania es ilegal y delictivo. En Euskadi, negar el terrorismo de ETA es incluso rentable políticamente. Igual nos parece que Alemania es predemocrática. El Tribunal Constitucional español sentenció en su momento que negar el exterminio judío no era delito, aunque sí lo era expresar ideas que apoyaran o justificaran el racismo, el genocidio o la violencia. Hilamos fino. Precisamente por lo fino que hilamos, hemos podido mantener a un grupo terrorista en uno de nuestros parlamentos durante varias décadas, haciendo enana a nuestra democracia. Ahora hemos decidido crecer. A ver cuánto nos dura.

(publicado en El Correo, 18febrero2009)

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miércoles, enero 28, 2009

MATEMÁTICA ETARRA EN VASCONIA

Igual no todos los abertzales de izquierda son proetarras. «Queremos acumular fuerzas e impulsar un espacio independentista y progresista como sujeto determinante del cambio político y social en Euskal Herria». Es lo que han declarado como objetivo los promotores de la plataforma D3M. Quieren acumular fuerzas. Probablemente haya entre los poco más de cien mil votantes habituales de la clandestina e ilegal Batasuna un porcentaje de contrarios a la violencia. La acumulación de fuerzas ha sido un concepto estratégico para ETA. De hecho, los frentes político, sindical y los distintos disfraces de infiltración social que tiene ETA forman parte de esa estrategia terrorista de acumulación de fuerzas. Algunos consideran que la acumulación de fuerzas está detrás de la legitimación jeltzale de ETA en Lizarra en 1998. Igual es casualidad que D3M utilice la acumulación de fuerzas en su argumentario.

Tal vez la acumulación de fuerzas sea el concepto detrás de la matemática de D3M. Si no es por medio de este cocinado teórico, es difícil pasar de cien mil votantes a tres millones de posibilidades. La población de Euskadi está rondando los dos millones cien mil habitantes. Contándolos a todos, maketos y vascos impuros incluidos. Haciendo un ejercicio de deducción simple, los tres millones que bautizan a la nueva plataforma electoral deben simbolizar a la población mítica de Euskal Herria. Los tres millones no equivalen a los tres territorios de Euskadi, sino a los siete herrialdes de Vasconia.

D3M parece una fórmula matemática. O mejor, una fórmula de física teórica. Aunque nada de física cuántica. Estamos en física tradicional. Lo que describe esta ecuación es relativamente sencillo. Si el presidente Zapatero considera que es estratégicamente rentable dejar un espacio mínimo de expresión al abertzalismo proetarra, esperarán a que se anulen la mayoría de sus candidaturas para colar unos pocos concejales pseudobatasunos en ayuntamientos de Euskadi. No serán tres millones, pero con que sean tres bien colocados, a estas alturas del partido, basta. Es dudoso que Zapatero, que debe de haber entendido ya que para desactivar a ETA hay que desarrollar una estrategia intensiva de desarticulación de todos sus frentes, vaya a retroceder a una fase de contemporización con la Batasuna de la ETA actual. Y aún menos viable es tal posibilidad teniendo todavía depositada alguna esperanza en el tándem Ternera-Otegi. Aunque, por si acaso…

La alternativa más plausible sobre el propósito de la fórmula D3M es, sencillamente, molestar. Desde que se aplicara la ley de partidos, en vía administrativa, o la instrucción de la Audiencia Nacional, en vía penal, ETA siempre ha presentado una candidatura a los procesos electorales. También siempre ha conseguido infiltrar en la cocina de las instituciones democráticas a potajes completos, como el PCTV, o a garbanzos aislados, como ANV. Ahora tiene complicado servir siquiera el postre (esperemos). Sin embargo, con la mera candidatura ya molestan. Con D3M consiguen poner en marcha el procedimiento legal de investigación e inhabilitación de candidaturas, aprovechando toda la publicidad victimista generada por el proceso. El victimismo es como el maná espiritual para las artríticas bases abertzales. D3M es una pócima interna para las desorientadas y anémicas facciones proetarras.

Ya sólo con atizar la hoguera del victimismo, D3M les merece la pena. Adicionalmente, en eso de molestar, la segunda derivada de D3M es instalarse en la conciencia de aquellos votantes descarriados que tengan la tentación de adscribirse a la izquierda abertzale alejada de ETA. Es una incógnita cómo será el aterrizaje electoral de la nueva izquierda abertzale, materializada en la coalición Eusko Alkartasuna-Aralar, pero en sí misma ya es la ejemplificación de que el abertzalismo independentista tiene encaje político sin el asesinato como doctrina. Los profesionales de la mafia etarra intuyen desde sus íntimas entrañas que la mayor amenaza interna para la banda es una opción política abertzale emancipada de su control. No les gusta EA, detestan a Aralar y han castrado a Otegi. La historia de ETA desde la quinta asamblea de 1966, con un aparato armado capando una y otra vez al aparato político, es testaruda en demostrar esta visión épica en torno a la predominancia, y profesionalización, del más bruto del patio del colegio.

(publicado en El Correo, 28 enero 2009)

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miércoles, enero 21, 2009

EL DISEÑO DEL ENEMIGO PARA OBAMA

El movimiento fundamentalista Hamas fue financiado e impulsado por Israel y la CIA desde los años ochenta para debilitar a la OLP de Yasir Arafat. Aproximadamente en la misma época la CIA, utilizando con probabilidad canales del Mossad israelita, sufragaba a un tal Saddam Hussein y a su partido nacionalista Baaz para debilitar a un Irán homeinista con el que estaban en guerra. En paralelo, la CIA financiaba al movimiento talibán y a un colectivo insurgente comandado por Ossama Bin Laden a fin de expulsar a los rusos de Afganistán. Entre década y década y media después, los EEUU eran atacados, contribuían a atacar junto a Israel o trataban de gestionar el riesgo de todos y cada uno de esos grupos creados y alimentados con el dinero de los ciudadanos estadounidenses. Contemplado en diferido, buena parte de los tres mil ciudadanos estadounidenses asesinados en las torres gemelas han sido muertos con financiación de sus propios impuestos.

Tal vez todo el párrafo anterior sea ciencia ficción o creación literaria y cualquier parecido con la realidad sea pura coincidencia. La década de los ochenta fue sucia y ahora estamos recogiendo la basura. Aldo Moro fue asesinado por las Brigadas Rojas italianas en 1978. Algunas historias, que podemos tomar también como ciencia ficción si ustedes así lo prefieren, sugieren que tanto las Brigadas Rojas como el crimen organizado mafioso estaban infiltrados por la inteligencia italiana con dinero de la CIA en el marco de la macro-operación anticomunista Gladio. Moro quería una alianza con los comunistas italianos en plena guerra fría. A fin de contrarrestar el comunismo en Europa, también se dice que la CIA financiaba una logia negra masónica, Propaganda Due (P2), en la que asimismo se sitúa a Silvio Berlusconi como miembro. La P2 ha desaparecido, al menos tal como era conocida, y Berlusconi es el primer ministro más poderoso de la historia italiana.

Gazprom y la empresa energética italiana Eni han llegado muy recientemente a un acuerdo para superar los problemas que los rusos atribuyen a la interposición ucrania en el suministro de gas a Europa. Durante los primeros compases de la CIA, entre los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, una importante cantidad de dinero estuvo dedicado a operaciones encubiertas contra el comunismo en Europa. Hasta que la CIA tuvo presupuesto propio, la financiación de esas operaciones salía de los fondos del Plan Marshall. Está todo desclasificado y publicado. En aquellos tiempos, la inteligencia estadounidense armó y aprovisionó a cualquier resistente anticomunista organizado que prácticamente llamara a la puerta. La resistencia ucrania contra la Unión Soviética era activa entonces y, por ejemplo, la antigua Yugoslavia era un auténtico epicentro del denominado mundo libre contra el comunista mariscal Tito. Algunos de los insurgentes más comprometidos se agrupaban en función de filiaciones étnicas o religiosas. A principios de los noventa estallaba una guerra étnica en el centro de Europa continental, diez años después de la derrota del comunismo. Todavía no se han desclasificado los documentos que dan cuenta histórica del papel de la CIA en la caída del muro de Berlín, pero bien podría adjudicársele un papel en el aliento de corrientes disidentes en el interior de los Soviets. Ignoramos, todavía, si Putin desempeñó alguna misión en aquellas clandestinidades anticomunistas, aunque la prensa siempre le ha tachado de tipo gris y mediocre.

Ahora Berlusconi es el presidente de Italia y Putin el presidente de Rusia. La naturaleza de la inteligencia estadounidense en particular, y de cualquier otro potente servicio secreto en general, podría resumirse en torno a tres “C”: conocer, comprender y  cambiar la realidad. La CIA ha sido acusada repetidamente de no haberse enterado de ninguno de los acontecimientos que han conformado nuestra historia reciente. Sin embargo la CIA que vemos no necesariamente se corresponde con la que no vemos. En un servicio de inteligencia el componente encargado de “comprender” la realidad es su departamento de análisis. Habitualmente, los analistas utilizan la información proporcionada por el espionaje, es decir, por el conjunto de agentes destinado a “conocer” la realidad. Por último, “cambiar” la realidad ha recaído siempre en los servicios clandestinos, los responsables de las operaciones encubiertas. La CIA ha operado clandestinamente en la práctica totalidad del mundo. No siempre quienes tenían que conocer y comprender estaban al tanto de lo que estaba siendo cambiando.

El presidente George Bush se ha despedido pronunciando en su discurso que los EEUU no han sufrido un nuevo atentado terrorista en suelo americano en los siete años últimos años de su mandato. El terrorismo es el nuevo enemigo. Ese terrorismo de Bin Laden y los talibanes que hace décadas eran aliados, del Iraq que hace años era financiado contra Irán, de los rebeldes proatlantistas que se enfrentaban a Moscú o de los islamistas que debilitaban a la OLP. Incluso hay una novela cuya trama sugiere que ETA-pm asesinó a Carrero Blanco, al menos, con el conocimiento de la agencia de inteligencia estadounidense. La novela no hila tan fino como para desentrañar si se trataba de los agentes destinados a conocer, a comprender o a cambiar la realidad.

Hubo un instante, al acabar la guerra fría, en donde el crimen organizado estuvo a punto de ser declarado el nuevo enemigo global. Eran los momentos de los planes antidroga promovidos desde EEUU sobre un negocio ilícito que había financiado algunas operaciones para cambiar el mundo, o también de las estrategias antimafia sobre unos grupos a veces utilizados para lograr que todo siguiera como estaba. Ya saben que otra película apunta a la Cosa Nostra estadounidense, en connivencia con intereses del negocio armamentístico y diversos grupúsculos secretos, de encontrarse detrás del asesinato del presidente Kennedy. En fin tras desaparecer el comunismo, el crimen organizado global casi se convierte en el nuevo enemigo. Los servicios de inteligencia filtraban a la prensa informes sobre las ingentes cantidades de capital negro blanqueado que estaban contaminando las economías legales. De repente el terrorismo, un fenómeno activísimo en Europa desde los años setenta, golpeó a los Estados Unidos. Y el yihadismo detrás de él como doctrina aglutinadora. Ya teníamos al nuevo enemigo.

¿Ustedes recuerdan que los grupos terroristas palestinos secuestraban aviones durante los años setenta?; ¿recuerdan los constantes atentados en Europa?; ¿por qué el terrorismo ha tardado más de veinte años en convertirse en el enemigo global?. Quizás porque entonces se consideraba una derivación más de la guerra fría y, por tanto, ya teníamos a otro enemigo bien enfocado.

El gran juego siempre ha sido el arte de gestionar al enemigo. Es difícil creer que todo haya sido planificado al milímetro. Es decir, que después de un enemigo como el comunismo se decidiera que la guerra global iba a ser contra el yihadismo. La prueba de que no es así, de la ausencia de planificación, es la década de los noventa, donde los actores del gran juego estaban completamente desorientados, intentando organizarse en torno a una nueva realidad multipolar. A punto también ha estado China en algún planteamiento de ser el enemigo global para el siglo XXI. Sin embargo, la dependencia mundial del comercio y el consumo, y la importante de China en ese esquema, lo ha debido de impedir.

¿Necesita la sociedad global a un enemigo identificable?.  En los EEUU el mayor porcentaje del abultado presupuesto de inteligencia, ése destinado a conocer, a comprender y a cambiar la realidad, no lo tiene asignado la CIA sino el Pentágono, es decir, el Ministerio de Defensa.

(publicado en El Correo, 21enero2009)

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sábado, enero 10, 2009

VICTIM(TERROR)ISMO

Tawfiq al Tirawi fue director de los servicios de inteligencia de la Autoridad Palestina en Cisjordania a comienzos de la década del 2000. Es decir, algo así como jefe de inteligencia de Fatah, el partido fundado por Yasir Arafat. De momento, decir Autoridad Palestina y Fatah es nombrar conceptos equivalentes. Tirawi era jefe de inteligencia palestino cuando estalló la Segunda Intifada, convergencia estratégica en donde aparentemente todas las facciones palestinas se unieron ante Israel.  Actualmente Tawfiq al Tirawi es asesor de seguridad de Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP).

Desde que Hamas ganara las elecciones palestinas, le fuera denegado gobernar y tuviera que asaltar el poder en Gaza, es difícil establecer si son los israelíes los más interesados en desalojarlos del gobierno de más de un millón y medio de palestinos o es la propia ANP. O los egipcios, que llevan años intentando equilibrar el efecto contagio recíproco entre los islamistas palestinos y quienes han sido su inspiración intelectual, los Hermanos Musulmanes originarios de su propio territorio. A tenor de la nueva fase de confrontación bélica entre Hamas e Israel que ha inaugurado 2009, Tawfiq al Tirawi ha afirmado que sin unidad no habrá tercera Intifada y también que el problema palestino es Hamas. A la ANP le vendría bien que Hamas fuera debilitada hasta tal punto que su (potentísima socialmente) implantación sobre Gaza se viera comprometida.

Es complejo de explicar, sin caer en sesgos o simplificaciones, cuál es la situación de gobierno en Palestina. Hamas triunfó sobre Fatah en las elecciones legislativas de 2006. Tanto unos como otros son organizaciones insurgentes que han utilizado y continúan empleando el terrorismo contra Israel a través de una diversidad de grupos. Fatah y la ANP han sido reconocidos por los mediadores internacionales, así como por Israel. Casi los mismos actores internacionales han expresado, de manera directa o indirecta, su fastidio porque Hamas venciera en unas elecciones con votación popular que les otorga un gobierno legítimo. Hamas está en todas las listas de organizaciones terroristas… y además gobierna la mitad de Palestina. La ANP y Hamas se han hecho mutuamente la limpieza étnica en Cisjordania y Gaza, han enfrentado a tiros a sus fuerzas de seguridad, se han apresado mutuamente, boicoteado y zaherido interna y externamente. Representan dos maneras distintas de entender a Israel y de comprender el conflicto en Oriente Medio.

Fatah es un movimiento nacionalista laico arraigado en la territorialidad, que reconoce a Israel como ocupante hostil pero también como vecino posible. El gobierno palestino de Cisjordania es el heredero de todas las negociaciones con Israel y de la capacidad personalizada en Arafat de aglutinar una idea de causa común palestina. Fatah es también, en Palestina, sinómino de corrupción, endogamia y oligarquía. Por su parte, Hamas es la exportación del islamismo suní para ser instrumentado como amalgama ideológica de la frustración de décadas de miseria palestina. Hamas ha combinado el adoctrinamiento religioso con su acción social de sostenimiento de familias desposeídas en Palestina, apostando al mismo tiempo con determinación por la violencia (casi siempre terrorista) sin concesiones contra Israel. Hamas simboliza el odio contra lo judío y, por su identidad islamista, canaliza todo el victimismo internacional construido alrededor del mito de lo occidental contra lo musulmán, tan bien aprovechado por las diversas concentraciones yihadistas en el mundo. En el victimario colectivo islamista, Palestina es uno de los profanados lugares y Hamas el contracruzado en resistencia permanente.

Así pues, el gobierno palestino está dividido entre el nacionalismo laico de Fatah en Cisjordania y el nacionalismo islamista de Hamas en Gaza. En medio de esos dos territorios desconectados, el Estado de Israel. La ANP es plenamente consciente de que la solución de un Estado Palestino no va a llegar con la mitad del eventual territorio de la nueva nación en manos islamistas. Nunca, pero aún menos desde el 11-S y desde que la cuarta guerra mundial haya sido declarada por EEUU con el yihadismo como enemigo global. Era cuestión de tiempo que Israel atacara Gaza. Lo único que necesitaba era una ecuación estratégica concreta. La ruptura de la tregua surrealista que mantenía con Hamas, la proximidad electoral en Tel Aviv y la revitalización negociadora que a Oriente Medio llegará con Obama componen una ecuación estratégica ideal para un Estado hebreo todavía resentido del fracaso de su campaña de 2006 en el Líbano contra otro movimiento islamista, Hezbollah. En 2006, por tanto, Hamas gana las elecciones en Palestina y Hezbollah derrota a Israel en el Líbano. Lo mejor que le podría pasar a Israel en 2009 es desalojar a Hamas de Gaza, promover la negociación con ANP e impulsar un Estado en Palestina de manera que, al final, Hamas sea un problema terrorista interno para Fatah. Parafraseando al mencionado Tawfiq al Tirawi, “el problema de Palestina es Hamas”.

Al otro extremo del Mediterráneo y aproximadamente a mediados de 2008, tanto un editorial en el periódico Gara como posteriormente un comunicado de ETA acusaban al PNV de querer extinguir a la izquierda abertzale para impulsar un nuevo pacto autonómico con el Partido Socialista de Euskadi. Con Batasuna y sus marcas ilegalizas y con la materialización de los acuerdos entre Eusko Askartasuna y Aralar, que simbólicamente se presentan como quienes recogen la bandera caída del abertzalismo de izquierdas, de repente en los focos del teatro político de Euskadi queda iluminado el PNV como el actor de la moderación nacionalista. Puede parecer paradójico a estas alturas contemplar al PNV de Lizarra o del plan Ibarretxe como un referente de moderación; pero Lizarra ya tiene diez años, el plan soberanista no acaba de salir y en la genética del PNV, igual que le ocurre al Fatah palestino, está por encima de todo continuar gobernando. El ejercicio de gobierno para el PNV es cumplir con una especie de misión mítica inmanente a la historia de Euskadi.

De tal manera, por la correlación de fuerzas políticas vascas en esta coyuntura concreta, el PNV está perdiendo perfil diferencial ante el electorado al tiempo que arrastra el obvio desgaste de legislaturas de gobierno. En el ideario de la progresión autonomista es superado por el PSE y en el ideario del avance soberanista puede ser amenazado, ya veremos, por una fórmula abertzale entre EA y Aralar, a la que no se le atribuía mucha vida en su bautismo pero que realmente ocupa un espacio político muy claro, bien definido y con masa de votantes. La nueva izquierda abertzale.

ETA se engendró en las juventudes del PNV cuando una serie de sus integrantes creyeron que el partido jeltzale estaba siendo demasiado moderado con la dictadura franquista. Los delirantes comunicados de la banda terrorista vuelven a mostrar esa percepción, como si por ellos no hubiera pasado el tiempo. De nuevo el paralelo recurrente del entreguismo del PNV, en esta ocasión a los socialistas, con ese improperio de la traición a la causa de Euskal Herria. Obviamente, tal realidad prefabricada y culpabilizadora sólo tiene sentido en el argumentario terrorista, pero es cierto que a ETA le sirve como palabrería de revestimiento en sus asesinatos. Los últimos atentados etarras están apuntando a las inmediaciones del PNV, después de que, nuevamente, las bases terroristas no se pongan de acuerdo en las últimas reflexiones asamblearias del conglomerado de ETA sobre la manera más eficiente de dirigir la violencia conta el nacionalismo gobernante vasco.

Ni el PNV es Fatah, ni ETA Hamas ni mucho menos Euskadi tiene el menor parecido con Palestina. Sin embargo, entre ambos mundos existe un paralelo que nos deja una enseñanza para el año que comienza. La violencia siempre tiene que ver con el poder. La denominada causa palestina al final no ha demostrado ser tan importante para sus defensores como asegurarse el protagonismo y la dirección en el momento de implementarla. En la causa del independentismo vasco, una banda terrorista lleva cuatro décadas retorciendo la realidad para justificar la profesión del asesinato, por encima de izquierdas abertzales y viabilidades soberanistas. Fatah en Palestina puede aprovechar a Israel para desbancar a Hamas… ¿sería una ilusorio que la ecuación estratégica que conforma la nueva izquierda abertzale, por un lado, y una alianza PSE-PNV, por otro, en combinación con una política antiterrorista basada en la ley, desbancara a ETA de Euskadi?.

(publicado en El Correo, 10 enero 2009)

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domingo, diciembre 21, 2008

GOLPE DE ESTADO EN ETA

En menos de un mes, las Fuerzas de Seguridad del Estado han desarticulado la cúpula de ETA en dos ocasiones. Un centenar de expresidiarios etarras han manifestado en Usurbil su pesar por que no se les reconozca un papel olítico en lo que denominan 'conflicto vasco'. Eusko Alkartasuna y el PNV han llegado a un acuerdo para impulsar una moción de censura contra el alcalde de ANV en Azpeitia, a quien ellos mismos colocaron allí. El ministro de Interior Rubalcaba ha subrayado que la negociación pertenece a un pasado que no será ya, nunca más, un presente.
Que quienes han sido presos de ETA reivindiquen ser tenidos en cuenta al mismo tiempo que Rubalcaba aborrece del diálogo con terroristas no deja de ser simbólico. Los presos etarras llevan mucho tiempo soñando con que eventualmente representarían la única instrumentación viable derivada de una autodisolución voluntaria de ETA. Los criticados acercamientos individuales de presidiarios renegados de la banda son una herramienta de desgaste interno para ETA que el Gobierno hace bien en aprovechar siempre que sea posible. Aquéllos que son acercados a centros de reclusión próximos a Euskadi probablemente son conscientes de que ETA nunca los ha tenido realmente en cuenta en sus cálculos. Un terrorista es, por definición, alguien con mucha dificultad para interpretar la realidad sin las orejeras del fanatismo. Sin embargo, muy adocenados tienen que estar para imaginarse que ETA aceptaría desaparecer a cambio de beneficios penitenciarios para sus asesinos o colaboradores. La diferencia entre los presos que abjuran de la banda y son acercados a Euskadi respecto de aquéllos que cumplirán sus condenas en el sur de España o en Canarias no estriba en su grado de rechazo ideológico de la violencia etarra. La diferencia entre ambos grupos tiene que ver con el grado de conciencia que han adquirido acerca de la realidad de ese pretendido papel político que reivindican los ex presidiarios de Ururbil. Los presos que se acogen a la reinserción lo hacen porque han entendido, finalmente, que nunca llegará el momento en que ETA se autodisuelva para que ellos puedan acogerse a un beneficio penitenciario; por el contrario, aquéllos que no abrazan la reinserción y cumplen años en Salto del Negro siguen sin entender que ETA jamás aceptará desaparecer nada más que para beneficiar a sus presos. Ésa es la diferencia entre los dos colectivos de presos etarras.
Esa irracional consideración de los presos como actores políticos, que los mismos presidiarios etarras demandan, simboliza el fracaso que ETA nunca acabará de aceptar. Aquello que los presos no son capaces de ver es que ETA nunca estará dispuesta a llegar al punto en que tenga que negociar beneficios para sus encarcelados porque sea esto lo único que le sea permitido plantear en una mesa de 'diálogo'. El escenario de la disolución a cambio de beneficios penitenciarios es un mito de similar calibre a aquél de reivindicar las Landas como territorio de Euskadi: éste es un imposible territorial pero aquél representa una línea roja ante la que ETA preferirá 'GRAPOrizarse' antes que cruzarla.
Es comprensible que muchos presos etarras continúen abducidos por el mítico discurso de ETA. Han asesinado por ese discurso y han pasado de un adoctrinamiento fanático en la clandestinidad a aprender el lenguaje necesario para comunicarse con el enladrillado interior de las cárceles o con el calculado alineamiento en los barrotes de sus celdas. De la kale borroka a la clandestinidad, al asesinato o la colaboración y de ahí al aislamiento del mundo. Así durante un número importante de años. Considerando la aptitud psicológica necesaria para encajar funcionalmente las piezas de esa realidad, es razonable que sean pocos lo que sean capaces de ver que la reinserción pactada y la separación de ETA son el único camino transitable hacia la recuperación de la libertad democrática. ETA nunca invertirá esfuerzos en que sus presos abandonen las cárceles, porque eso significaría que habría llegado al único escenario de negociación al que no quiere llegar: a la denominada 'negociación técnica'.
Si algún preso etarra está leyendo esto, que preste atención a los siguientes párrafos. Con la dinámica interna de toma de decisiones en ETA en los últimos cuarenta años es imposible que se produzca el escenario de 'paz por presos'. Es sencillo de entender. De momento, piensen en cuántos grupos terroristas de las características de ETA se han autodisuelto obteniendo beneficios penitenciarios. Sí, en efecto, uno muy cercano... ETA-pm. ¿Qué hay del resto? Es cierto, exacto... también el IRA. ¿Alguno más? Ninguno.
Lo que tenían en común ETA-pm y el IRA en sus últimos momentos fue el perfil del cuerpo dirigente que tomaba las decisiones. En ambos casos, el peso del factor político era determinante. Los vascos tenían una clara influencia por la vía de Euskadiko Ezkerra y los irlandeses estaban encabezados por Adams y McGuinness, dos (ex)comandantes del IRA reconducidos a la política. Quienes adoptaban las decisiones estaban vinculados a la realidad política circundante y eran capaces de interpretarla. La historia general de ETA-militar pero, sobre todo, las más reciente de ETA a secas muestra cómo las decisiones siempre han provenido de la facción más comprometida con la violencia terrorista. La probabilidad de que sucesivas generaciones de dirigentes etarras cada vez más identificados con la violencia adopten una decisión de abandono del terrorismo disminuye exponencialmente con el tiempo. Era más alta en la época de 'Txomin', menos en el momento en que Aznar negociaba con ETA, más elevada en la primera etapa de la negociación de Zapatero, para caer en picado en la segunda, y prácticamente nula en la actualidad.
La negociación de Zapatero marca, a modo de paradigma, esa disociación entre posibilismo político y terrorismo. La negociación propulsada por Zapatero se inicia con Otegi y 'Josu Ternera', para abortarse posteriormente con 'Txeroki' y el aparato armado de ETA. Con 'Ternera' al frente de ETA habría habido alguna posibilidad, porque este terrorista y ex parlamentario vasco tiene perfectamente claro que la banda ya ha escrito su epitafio. Lo único que con probabilidad pretendía era obtener la mayor ventaja negociadora. Sin embargo, todo apunta a que estaba dispuesto a avanzar en la negociación. Esa postura de 'Ternera' suponía una amenaza para quienes en el seno de ETA han interiorizado la violencia como referente identitario, no como instrumento sino como 'modus vivendi', y son lo suficientemente jóvenes como para no tener la experiencia política del postfranquismo ni una visión estratégica para la actual Euskadi. Ésos quitaron de en medio a 'Ternera' y al posibilismo negociador. La negociación ya no es un planteamiento estratégico en ETA. Acusar al Gobierno de volver a negociar con la banda, en este momento, no tiene sentido.
Entiéndase bien, no es que cualquiera de los cabecillas etarras a lo largo de su periplo terrorista tuviera demasiada visión política. Si hubiera sido así, ETA ya habría desaparecido. Sin embargo, pensar que desde la estructura de toma de decisiones de la ETA del siglo XXI puede generarse una corriente favorable a la disolución para concentrarse nada más que en el abertzalismo político es inviable. El ritmo de descabezamiento de ETA impreso por las fuerzas de seguridad en la última época tiene un claro efecto sobre el perfil decisor de la banda terrorista. Los dirigentes de ETA cada vez son más jóvenes, cada vez tienen menos visión estratégica, están más fanatizados en una dinámica de lucha desprovista de futuro y están desconectados de cualquier escenario social de eso que en jerga etarra se denomina 'Euskal Herria'. Si por algo se caracterizan es por ser profesionales de la violencia en confrontación con un enemigo cronificado en sus mentes, el Estado español. Esos decisores de ETA, que con cada reestructuración de la cúpula terrorista están más limitados en todo lo que no sea gestionar la violencia, son incapaces de razonar en términos políticos, y más aún de ser permeables a influencias de un entorno abertzale que consideran nada más una herencia que les lastra, una servidumbre movilizadora parásita de su misión violenta contra el Estado. Por tanto, los frentes 'social' y 'político' de ETA, igual que el carcelario, son piezas subordinadas del ajedrez de la violencia.
ETA continuará asesinando mientras su estructura de toma de decisiones no descarrille del aparato 'militar'. Y la vía más precisa para hacerlo es la tradicional en estos casos, un golpe de Estado interno. Es comprensible que la propuesta suene estrambótica. Sin embargo, si algún preso pretende una mínima reducción en su internamiento a décadas de cárcel o algún político abertzale tener un protagonismo en la escena de Euskadi recogiendo las migajas que le dejen EA-Aralar, ya pueden ir considerando articular un movimiento interno de disidencia que acabe llevando a la dirección de ETA a alguien con cerebro político. Eso si antes la Guardia Civil no termina por encarcelarlos a todos. Entonces, la partida habrá terminado.
(publicado en El Correo, 21 diciembre 2008)

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domingo, noviembre 30, 2008

DECCAN MUYAHIDIN

Hasta el momento era desconocida y su bautizo ha venido directamente con la violencia. Es típico de bandas terroristas ligadas al yihadismo internacional, aunque no original. En los años ochenta grupos terroristas amarrados a la causa palestina y antisemita aparecían y desaparecían nombrados por la violencia. Eso tampoco era nuevo entonces. El anarquismo violento previo ya se anunciaba a través de actos violentos apalancado sobre el nefasto eslogan de la “propaganda por el acto”. Es decir, ser conocidos y nombrados a través de la violencia. Ahora, un nuevo grupúsculo terrorista ha aparecido en la India bajo el nombre Deccan Muyahidin y probablemente desparecerá tras sus atentados bautismales.

Lo novedoso de los terroristas disfrazados bajo el nombre volátil de Deccan Muyahidin no es su nebulosa y repentina presentación en la sociedad internacional, sino sus tácticas. Es relativamente… no innovador aunque sí excepcional en una célula terrorista recurrir a un ataque de guerrilla con armas de fuego en una acción violenta y coordinada contra más de un objetivo. Del mismo modo lo hicieron agrupaciones terroristas asociadas al ochentista Abu Nidal palestino que, por ejemplo, protagonizaron golpes mediante asaltos arma en mano por varios terroristas dirigidos por el conocido Carlos Illich Ramírez “Chacal”. No obstante eran acciones más enfocadas hacia el secuestro o la toma de rehenes que hacia el enfrentamiento directo, al combate con fuerzas militares o de seguridad. Ése podía ser un resultado derivado, pero no era el efecto central buscado. En cambio, el asalto coordinado de Deccan Muyahidin sobre dos hoteles de lujo y al menos otras siete localizaciones en la populosa Bombay ha tenido todas las trazas tácticas de un golpe guerrillero con propósito terrorista. El referente más cercano lo tenemos en la toma de rehenes en el teatro Dubrovka de Moscú en 2002, aunque no fue exactamente un asalto guerrillero sino un secuestro suicida con rehenes.

Desde el punto de vista del análisis meramente técnico, este tipo de ataques estaba entre los escenarios posibles de la evolución del terrorismo yihadista. Nada más que recurriendo al sentido común, podemos entender que es una combinación táctica entre un ataque suicida y una acción de tiroteo convencional con rehenes. En la toma de rehenes tradicional, el grupo terrorista tenía prevista una ruta de huida; en cambio, en un asalto armado de un grupo yihadista la huida no tiene relevancia si los terroristas son mártires islamistas, dispuestos a perder la vida asesinando. Un ataque armado de enfrentamiento guerrillero con fuerzas de seguridad no entraría en los cálculos de un terrorismo tradicional tipo ETA, pero es un procedimiento ideal para el yihadismo.

Desde un plano psicológico, que es directamente vinculado a los efectos perseguidos por el terrorismo, un ataque armado con toma de rehenes es más impactante en una población turística que la explosión de una bomba, ya sea mediante suicida o través de cualquier procedimiento como el coche o el cañón bomba. La población sufre más con un secuestro que con un atentado bomba con muertos. El mensaje terrorífico es más potente, porque la sensación de indiscriminación, de arbitrariedad y, por tanto, de impredecibilidad, es mayor. Por increíble que parezca, cualquier ciudadano siente más miedo anticipatorio cuando piensa en ser secuestrado por un terrorista suicida en un hotel que si se imagina siendo víctima mortal de una bomba. La sensación de vulnerabilidad es mayor.  Cuanto más tiempo se imagina uno pasando a merced de la voluntad asesina de un agresor, de un terrorista suicida desprovisto de los límites de la autoconservación, más miedo se siente, aunque el efecto final de ambos terrorismos suicidas (con rehenes o mediante bomba) sea el mismo. El súbito estallido de una bomba, aunque mortal, es menos aterrador que estar sometido a la voluntad suicida de un grupo de individuos durante un lapso de tiempo de sufrimiento que puede ser eterno, aunque las probabilidades de supervivencia en el segundo caso puedan ser superiores. 

En un análisis más estratégico, que Deccan Muyahidin haya golpeado en India es menos sorprendente, y tampoco es tan relevante que el grupúsculo tenga o no tenga relación con Al-Qaida. India es un blanco político de primera línea desde cualquiera de las tribus adheridas al yihadismo con residencia en Pakistán, enemigo histórico y principal. Cualquier grupo yihadista alrededor del atractor afgano con recursos y organización para planear un ataque de ese tipo, el área turística más cercana y más occidental que tienen a mano está en la India. Bombay tiene perfil más yihadista al está alejada de la zona nacionalista de disputa tradicional indopakistaní en Cachemira, además de tener acceso por mar desde Pakistán. Es la zona turística occidentalizada más accesible para un comando terrorista con un plan de enfrentamiento. Y no importa tanto que haya sido activado o no por Al Qaida, porque con la consagrada guerra al terrorismo de la era Bush ya nos hemos asegurado que cualquier nombre, aunque recién inventado, que invoque el yihadismo va a asegurarse un lugar en el panteón de los enemigos de nuestra civilización.

(publicado en El Correo, 29 noviembre 2008)

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miércoles, noviembre 19, 2008

DESMANTELAR A LA ETA CIVIL

Michael Burleigh es un historiador británico. Hace años fue galardonado con el prestigiado premio de ensayo Samuel Johnson por su retrato de Tercer Reich. Entre otras cosas, Burleigh afirma que la tolerancia multicultural europea facilita el terrorismo. Es difícil contradecirle en eso. La democracia favorece el terrorismo y desde luego los medios de comunicación libres son instrumentados por las bandas criminales para difundir sus mensajes. La dinamita también es una sustancia no pensada para terroristas pero envilecida por ellos. El átomo no estaba diseñado para destruir japoneses, pero los norteamericanos arrasaron Hiroshima con un arma cargada de átomos.

El terrorismo es una de esas actividades criminales organizadas que parasita los avances sociales para golpearnos con ellos. A riesgo de pecar de simplismo, no es la existencia de un arma la que me pone en riesgo, sino la intención y la capacidad de alguien de usarla contra mí. En el norte de África no existe demasiada tolerancia multicultural y allí está instalada Al-Qaida para el Magreb. En los EEUU la tolerancia multicultural está, depende como se evalúe, en el mismo rango que la europea y a ellos les golpeó el 11-S y a nosotros el 11-M. Pakistán, sin tolerancia, parece ser el lugar de acampada de Bin Laden mientras a los españoles, tolerantes en general y triculturales genéticamente, la intolerancia de ETA nos asesina. O sea, que afirmar que la tolerancia facilita el terrorismo es como decir que la vida en el planeta Tierra promueve la criminalidad. 

El terrorismo existe, desde luego, porque tenemos factores sociales que lo generan. La libertad posibilita el terrorismo. También el asesinato. Sin embargo, la democracia ha reducido al mínimo la violencia entre los seres humanos. Existen condiciones sociales estructurales de las que cualquier asesino, motivado y con recursos, se prevalecerá para cumplir sus propósitos homicidas. Lo que estamos aprendiendo con las distintas amenazas globales de hoy es que tenemos que reducir al mínimo las condiciones sociales estructurales de vulnerabilidad ante los crímenes organizados, para prevenirlos. Sin embargo, la propia naturaleza de la prevención exige que no sea a costa de desmantelar el sistema de libertades, puesto que siendo así habríamos facilitado, esta vez sí del todo, la consecución completa del horizonte de cualquier organización terrorista: la implantación de un régimen totalitario.

Es recomendable distinguir, en análisis antiterrorista, cuáles de los parámetros del contexto social en donde operan los grupos terroristas se manejan para asfixiarlos, sin estrangular al mismo tiempo a la ciudadanía. Si reducimos la tolerancia multicultural, ¿estamos disminuyendo la probabilidad del terrorismo o aumentándola?; y si limitamos la libertad religiosa en Europa, ¿favorecemos el yihadismo o lo contrarrestamos?. Preguntas con respuestas en las que no hay manera de ponerse de acuerdo. En el caso del terrorismo etarra, un interrogante interesante es que si ETA se ha planteado actuar violentamente contra el Tren de Alta Velocidad Vasco (TAV) y movilizar bases sociales para boicotearlo como parte de su estrategia a medio plazo, investigar si ETA ha infiltrado el movimiento sindical alrededor del TAV ¿tiene sentido?; ¿será contraproducente para los trabajadores vascos?; ¿o ayudará al Estado en la estrategia de desmantelamiento de ETA?.

Contradiciendo a Burleigh, un sindicato obrero no es un facilitador del terrorismo. Tampoco lo es un periódico ni una red de hostelería ni un partido político. Ahora bien, una banda terrorista puede decidir bien crear exnovo, bien infiltrar un periódico o una red de empresas o un partido político o una asociación de promoción de la lengua, a modo de instrumentos de desarrollo de su actividad criminal. La acción criminal del terrorismo no sólo tiene que ver con la planificación y ejecución de atentados, sino así mismo con la articulación de mecanismos para la coacción, el chantaje, la extorsión, la amenaza y, en definitiva, la implantación y transmisión del terror en la sociedad. Hace tiempo que en España entendimos que Batasuna era un instrumento de ETA, desfondado de la aparente naturaleza política de un partido para dedicarlo a amplificar e inyectar terror. Los terrorismos organizados aprovechan figuras sociales, como empresas, asociaciones, partidos políticos, medios de comunicación y ONGs, entre otras muchas para inocular el terror por otras vías distintas de los atentados. Actualmente, ésta ya es una verdad de manual en un mundo aterrorizado.

ETA está preparando a sus bases en todos los frentes para una campaña continuada de violencia. El TAV recibirá ataques en forma de atentados pero también a través del acoso laboral y social, de la adulteración que ETA ha hecho de ciertos movimientos de la sociedad civil en Euskadi. Hasta el momento, la acción del Estado de Derecho ha desmantelado alguno de los frentes de ese movimiento etarra, como buena parte del empresarial, casi todo el político, una porción importante del internacional. Casi nada se ha hecho, no obstante, sobre los frentes asociativo y sindical infiltrados o directamente diseñados por ETA, la denominada eufemísticamente ETA civil. Ya es hora de explorar ese visible lado oscuro.

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jueves, octubre 16, 2008

ABDUCIDOS POR ETA

Tenemos un problema con las víctimas de ETA. En realidad no es un problema con ellas, sino con nosotros mismos, con nuestra percepción.  El último ciudadano asesinado por ETA, Luis Conde de la Cruz, era un trabajador del Ejército, un militar. Desde que ETA comenzara sus asesinatos hace varias décadas, la población siempre ha sentido íntimamente que militares y policías eran objetivos naturales de la banda terrorista. Es decir, el mero hecho de llevar un uniforme les convierte en blancos a priori. Debido a esa percepción interiorizada en la población, será que no se han convocado manifestaciones de repulsa en las grandes ciudades españolas, que no se ha producido una masiva campaña de comunicación para decirle a ETA, asesina, que esto se ha acabado. Igual es por eso.

Cada vez que dejamos de convocar y de llevar a cabo una multitudinaria manifestación por una víctima asesinada estamos legitimando a ETA para asesine nuevamente al mismo perfil de víctima. Es duro asimilar esto y, francamente, es trágico escribirlo, pero es absolutamente cierto. Nosotros, la ciudadanía, quizá no lo tengamos claro, pero ETA es muy consciente de las diferencias. Por eso los atentados contra militares o policías son asesinatos de mantenimiento. En momentos de incertidumbre, ETA calibra el impacto de sus acciones mucho más que en aquellas etapas en que se siente fortalecida internamente. Cuando ETA percibe que dispone de los apoyos internos suficientes, que está más o menos controlando a sus bases y a sus distintos frentes y, sobre todo, cuando calcula que el momento político es propicio, sus asesinatos se diversifican. Por el contrario, un indicador de marejada interna en la banda terrorista es que cometa atentados de mantenimiento. Habitualmente estas acciones criminales de mantenimiento son artefactos explosivos contra centros oficiales o asesinatos de policías o militares.

En los atentados de mantenimiento ETA es un reflejo de nuestra propia percepción. La banda terrorista sabe que asesinar a un policía o a un militar es barato socialmente. Las bases de la banda no pondrán objeción, no efectuarán críticas internas sobre si es el momento para que ETA realice un atentado: para asesinar a un miembro de las fuerzas armadas o de seguridad siempre es el momento. Ésa es la percepción de la bases de ETA. Lo lamentable, lo que debería hacernos reflexionar, es que la ciudadanía tampoco reacciona de la misma manera, que también entiende, aun implícitamente, que no es lo mismo asesinar a un tipo de ciudadano que a otro. Como cualquier banda terrorista con vinculación territorial fuerte, ETA también modula el grado de presión social que quiere ejercer con cada atentado. La banda criminal es consciente de que el desgaste social por un atentado contra un militar es limitado, asumible, bajo.

No podemos permitirlo. Hay que despertarse. ETA está prostituyendo nuestras percepciones porque nosotros se las estamos regalando. El día que asesinaron a Miguel Ángel Blanco se produjo una reacción emocional masiva de la ciudadanía, sin precedentes, una respuesta elevada, de cargado contenido moral. También nos pusimos el listón muy alto en cuanto a lo que se espera de nosotros y, honestamente, tenemos que decir que nos hemos relajado, que no llegamos a nuestra propia marca.

La última vez que estuvimos cerca de ser lo que quisimos ser contra ETA cuando fue golpeada una de esas víctimas que consideramos menores como ciudadanos fue cuando la banda terrorista explosionó un coche bomba en la localidad oscense de Sallent de Gállego, en agosto de 2000. En aquella ocasión murieron dos ciudadanos, dos guardias civiles, Irene Fernández y José Ángel de Jesús. La respuesta de la población y su reflejo en los medios de comunicación estuvo por encima de la esperada para asesinatos en donde trabajadores de la seguridad pública están afectados como víctimas. La razón para esta diferencia era que Irene Fernández fue la primera mujer guardia civil que ETA asesinaba. La identificación de la población y, por tanto, su reacción emocional repuntaron sobre la condición de mujer de la asesinada. Ahí nos salió el proteccionismo patriarcal. Por los menos reaccionamos.

Tenemos que pararnos para reflexionar y para comprometernos. Hay que dejar las respuestas meramente emocionales y articular un verdadero movimiento ciudadano organizado de repulsa. Por supuesto, algunos entenderán que ese movimiento ya existe. No lo hemos visto desde luego en el último asesinato, o sea, que existe pero algo le falta. Entiendo que es cansado, que son muchos años y que las circunstancias no siempre acompañan. Sin embargo, lo único que puede funcionar contra ETA en términos de presión es que la presión sea constante, sostenida, siempre de la misma calidad. Si no, ETA se adaptará a la presión y calibrará en qué momento aprovechar nuestra vulnerabilidad perceptiva para asesinar a otro ciudadano, y así continuar manteniéndose porque ese asesinato no nos importa tanto como otros.

(publicado en El Correo, 12 octubre 2008)

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lunes, septiembre 01, 2008

INTELIGENCIA DE SEGURIDAD INTERIOR

Arnaldo Otegi abandona hoy la prisión de Martutene… ¿Será vigilado por los servicios de información e inteligencia? A raíz de lo ocurrido con la excarcelación de Ignacio de Juana Chaos se ha desatado un debate jurídico sobre los ingredientes penales a incluir en la condenas judiciales a terroristas. La pena accesoria de alejamiento de la víctima y la vigilancia del terrorista una vez ha sido puesto en libertad son las propuestas que más están siendo consideradas. De ser incorporadas ambas a una ley no serían de aplicación ni a Iñaki de Juana ni a ninguno de los terroristas que actualmente cumplen condena, debido a la irretroactividad de las normas penales en tanto no beneficien al reo.

Los juristas están de acuerdo en considerar que no es necesario legislar adicionalmente acerca de las penas de alejamiento de los terroristas respecto de sus víctimas, puesto que esa medida ya puede dictarla cualquier juez. Lo que PSOE y PP están analizando es si debiera introducirse en la tipificación penal como una obligación que los jueces tengan que dictar de manera inherente a una condena por terrorismo. En todo caso, lo cierto es que bajo el Código Penal actual un juez puede decretar una pena de alejamiento de la víctima de hasta cinco años para un criminal que haya cometido un delito grave. Hay que preguntarse si cinco años son suficientes. Y esta pregunta es independiente de si el criminal ha avanzado en su proceso de reinserción, puesto que el alejamiento es una medida para incrementar la seguridad de la víctima. En los supuestos de violencia de género el alejamiento se implanta antes de la pena para disminuir el riesgo de la mujer ante la inminencia de la amenaza que supone el agresor, que como sabemos en determinados casos ni siquiera se arredra por el alejamiento impuesto. Sin embargo esa seguridad no es la única que proporciona una medida de alejamiento. En los crímenes violentos, prohibir el acercamiento a la víctima de su agresor o terrorista busca impedir una re-victimización que sacudiría de nuevo la integridad psicológica del ciudadano directamente afectado por la acción violenta. Por tanto, en los alejamientos post-internamiento el bien jurídico protegido es la integridad personal de la víctima.

La otra propuesta que está sobre la mesa de este verano es la vigilancia del terrorista una vez que ha cumplido su condena. La vigilancia post-condena es un planteamiento común a muchos de los crímenes violentos o sistemáticos. Tanto violadores como agresores sistemáticos, terroristas o criminales organizados son objeto de reflexión recurrente sobre si el Estado tiene derecho a someterles a algún tipo de control una vez que han cumplido la pena que les fue impuesta por sus crímenes. La suposición de fondo más general es que la pena es una deuda que el criminal contrae con la sociedad a causa de una conducta delictiva, y que una vez saldada esa deuda puede considerarse al criminal como un ciudadano reinsertado. De entrada es una suposición que presume una identificación neta entre el proceso jurídico y el proceso psicológico. Es decir, que si aceptamos eso de la deuda es porque entendemos que la condena por sí misma tiene efecto terapéutico, que simplemente por cumplir la sentencia en prisión un criminal violento habrá dejado de serlo. Como sabemos, en muchos casos así será pero en otros no. Aunque pretendemos que así sea, prisión y reinserción no son equivalentes.

Y ahí no acaba la cosa. Sumado al argumento de que la prisión significa la reinserción y la pena salda la deuda social del criminal, existe otro razonamiento de, digamos, filosofía democrática en contra de las vigilancias post-condena de los delincuentes. Ese razonamiento implica que el Estado no tiene porqué vigilar a un ciudadano libre. El axioma de partida es que una persona que ha sido privada de libertad por un delito y ha cumplido su condena se reintegra de nuevo a la sociedad rehabilitado en todos sus derechos constitucionales. Desde luego es un precepto necesario si aceptamos que el fin de la pena es la reinserción de los delincuentes, la conversión del ciudadano-criminal en un ciudadano integrado. Con la sanción penal, la sociedad no busca retribución, no tiene como fin la venganza, sino curar moralmente al individuo desviado. Así, privado el delincuente de algunos de sus derechos durante la condena, al finalizarla es un ciudadano pleno como otro cualquiera. Es un planteamiento de muy buena voluntad y que la inmensa mayoría de los demócratas suscribimos, aunque perfectamente ilógico en muchos delitos violentos. Ilógico, de entrada, porque los primeros sospechosos de un delito sexual son precisamente quienes ya han cumplido condena por un delito sexual; ilógico porque el predictor más consistente de la violencia es haber ejercido violencia previa; ilógico porque un buen número de delincuentes organizados tienen un interminable historial penitenciario; ilógico porque en ciertas modalidades de delitos como el terrorismo las cárceles actúan a modo de centros de reclutamiento de nuevos agresores o de adoctrinamiento de quienes ya están condenados por serlo. De manera que el argumento filosófico es válido, pero no para todas las expresiones graves de criminalidad. Esos tipos de ciudadanos que han sido delincuentes tienen alguna probabilidad de continuar representando una amenaza aún cuando abandonan la prisión, incluso sobre todo cuando han abandonado la prisión.

Esa naturaleza de amenaza que puede significar un riesgo para la sociedad es, a mi modo de ver, el carril conceptual por donde hay que pensar las medidas post-condena. Y no necesariamente tienen que ser planteamientos penales los que ofrezcan una solución, sino también administrativos, de policía administrativa. Existen multitud de amenazas que están siendo prevenidas a través de regulación administrativa y multitud de ciudadanos que están siendo vigilados incluso antes de delinquir, principalmente sin llegar nunca a delinquir. El sistema de prevención del blanqueo de dinero es un ejemplo de lo primero y la hacienda pública de lo segundo. En el mismo sentido, los agentes del Centro Nacional de Inteligencia no son fuerza de policía pero tienen el mandato de prevenir amenazas casi siempre graves. El CNI desarrolla su labor preventiva fuera del sistema penal, aunque está sometido a control judicial cuando investiga colisionando algún derecho fundamental.

Los franceses tienen una palabra, ‘renseignements’, que significa investigación con propósito de inteligencia. En Francia, dos direcciones de inteligencia encuadradas en el Ministerio del Interior acaban de fusionarse. Los Renseignements Généraux, que tanto y tan bien se han involucrado contra ETA, y la Dirección para la Vigilancia del Territorio se han unificado bajo la denominación de Dirección Central de Inteligencia Interior. Ambas por separado y ahora integradas constituyen un verdadero servicio de inteligencia de seguridad interior; ambas también son departamentos de la policía nacional. Los británicos tienen un servicio de inteligencia interior que no es policial, el MI5. El FBI norteamericano, por su parte, es el prototipo de agencia de seguridad con poderes investigativos policiales frente al crimen que al mismo tiempo ejerce de servicio de inteligencia ante amenazas de seguridad interior. Todos ellos son los encargados de prevenir aquello que pueda constituirse en riesgo para la seguridad del Estado. En España no tenemos una agencia o dirección con poderes operativos de inteligencia de seguridad interior, compartiendo esa labor el CNI y los servicios de información de las fuerzas de seguridad del Estado, policías autonómicas incluidas.

A ningún servicio de inteligencia exterior se le ocurre solicitar autorización judicial en su país para intervenir una línea telefónica en el extranjero. Los servicios de inteligencia operan con reglas distintas cuando se enfocan hacia el exterior sobre ciudadanos ajenos o hacia el interior de sus fronteras sobre ciudadanos propios. En todas las legislaciones, salvo las derivadas del derecho británico, los servicios de policía y las agencias de inteligencia de seguridad interior necesitan un mandato judicial para quebrar derechos fundamentales de los ciudadanos. Ninguna legislación impide, por el contrario, que los servicios de seguridad monitoricen sin tocar derechos constitucionales a individuos que representan amenazas, requiriendo si acaso sospechas sustentables de que un individuo o grupo vigilados representan un riesgo. En todo caso, ya hay jueces que autorizan a quebrar motivadamente el derecho fundamental para prevenir un riesgo a la seguridad nacional, aunque no necesariamente constituya un crimen tipificado.

(publicado en El Correo, 30 agosto 2008)

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domingo, enero 13, 2008

ILEGALIZAR EN FRANCIA

Ignoro si la legislación francesa lo permite, pero la española no lo contemplaba hasta que se modificó. Batasuna continúa operando con libertad y cobertura legal en Iparralde, en el denominado País Vasco francés. Si no conociéramos que la cooperación policial y judicial en el seno de la Unión Europea avanza con la lentitud propia de un mecanismo de consenso intergubernamental entre más de veinticinco Estados, sorprendería que un grupo delictivo buscara refugio en un socio comunitario para evitar la acción de la justicia en otro. Hace años ya hubo ejemplos, antes de la orden europea de detención, de facinerosos de ETA que se acogieron a medidas garantistas belgas para evitar ser entregados a España. Batasuna ha venido haciendo turismo jurídico para residir en la Unión Europea a salvo de la acción jurisdiccional española.

Es sabido que la delincuencia organizada se aprovecha de las vulnerabilidades de nuestros sistemas democráticos para extender sus actividades criminales. La doctrina más avanzada en inteligencia para desbaratar los grupos criminales organizados está enfocada sobre la prevención, en un eje general, y sobre el cortocircuito de la economía del crimen, en un eje más específico. Desde hace tiempo hay una rama de los mecanismos de prevención en los esfuerzos de los Estados para reducir las oportunidades de operabilidad de la delincuencia organizada que se conoce con el nombre de “crime proofing” (traducible como “a prueba contra el crimen”). Esta orientación persigue encontrar las lagunas jurídicas que puedan beneficiar a la delincuencia organizada y blindar los aparatos legales de los Estados para que no sean aprovechados por los criminales. Es de sentido común.

Sin ninguna duda, que Batasuna sea legal en Francia o que, a pesar de la ilegalización en España, pueda tener oficinas en otros países de Europa, debilita la acción antiterrorista de los Estados Miembros de la Unión. Hace más de una década que Francia está involucrada directamente en la lucha contra ETA desde los planos judicial, policial y de inteligencia a partir de una declarada voluntad política. Esa implicación se traduce, entre otras cuestiones, en la existencia de unidades policiales y jueces franceses especializados en desarticular comandos etarras, que trabajan junto a fuerzas de seguridad españolas. Así, desde un plano estricto de policía, la cooperación es profunda. Sin embargo, restan todavía vertientes antiterroristas en donde el gobierno francés puede implicarse para desarrollar una estrategia integrada frente a ETA. Era difícil demandárselo antes, puesto que ni siquiera el Estado español tenía conciencia clara de ser un todo contra el terrorismo etarra. Aún hoy, todavía parece a veces que los tres poderes del Estado no tuvieran claro que la amenaza de ETA se define, precisamente, contra la fórmula de convivencia de donde emanan esos tres poderes.

Ahora es momento de solicitar de Francia y del conjunto de la Unión Europea avanzar con respecto a ETA en lo que la propia comunidad de socios ha definido como espacio único de libertad, seguridad y justicia para sus ciudadanos. Al igual que podría hacerlo cualquier grupo mafioso, ETA aprovecha parte de la aplicación de la legislación francesa para beneficiarse y crear una vulnerabilidad para la democracia en territorio europeo. Y no es que la ley francesa sobre partidos políticos no esté bien redactada en términos de crime proofing. Lo que ocurre es no se está aplicando, bien porque no se ha subrayado esa posibilidad en alguno de los diseños de coordinación de ambos países en acción antiterrorista o bien, más probablemente, porque no se haya considerado oportuno estratégicamente. Pues bien, ya parece ser oportuno estratégicamente.

Además de los comandos, ETA está instalada en Francia a través de Batasuna y, casi con seguridad, a través de negocios e inversiones para sostener su estructura financiera. Respecto de la presencia de una formación con pantalla política que en España es ilegal (precisamente por tratarse de una pantalla de actividades criminales), la legislación francesa sobre partidos demanda que los grupos dedicados a la política se adhieran a los principios republicanos, respeten la integridad territorial y adopten el axioma de la soberanía popular. Escarbando nada más que un poco o, simplemente, asumiendo las decisiones judiciales españolas sobre Batasuna, la oficina etarra en Bayona debería estar clausurada por ilegalizada. La Audiencia Nacional española lleva tiempo solicitándolo.

Desconocemos si Batasuna está en la lista europea de individuos y grupos terroristas, porque esta lista es, como debe ser, secreta. Lo que sí sabemos es que Batasuna, en coalición con Eusko Alkartasuna y Abertzaleen Batasuna, concurrió a las legislativas francesas del año pasado con el nombre de EHBai. La coalición obtuvo 10700 votos en el recuento. La lista europea de terroristas es secreta, pero suponemos razonablemente que no puede permitirse a un inscrito en ella presentarse a elecciones en el espacio de la Unión. También, que casi lo primero que se deriva de verse inscrito en ella, en la lista, es el bloqueo de cuentas e instrumentos financieros.

En definitiva, Batasuna opera desde Francia y parte de las finanzas de ETA también. El reconocimiento mutuo de sentencias judiciales entre Estados miembros es el pilar, así establecido por la propia Comisión Europea, del espacio judicial común. Ese espacio, a su vez, es un componente de una de las señas de identidad de la Europa del siglo XXI, el espacio de libertad, seguridad y justicia para sus ciudadanos. La sintonía entre Sarkozy y Zapatero, por un lado, y la determinación demostrada por el presidente y exministro del Interior francés contra la criminalidad, podrían materializarse en la equiparación definitiva de España y Francia en el tratamiento de un fenómeno transnacional de terrorismo como, desde cualquier óptica, es ETA. El último comunicado de la banda terrorista dedica suficientes menciones antirrepublicanas y antiterritoriales a Francia como para que sus autoridades hagan uso de instrumentos europeos para reducir las oportunidades de operar en territorio francés al conglomerado de ETA. Tres deben ser los frentes de acción, contra el aparato político, contra el financiero y contra el social, sendas expresiones de una estrategia terrorista integrada frente a la que hay que responder, también, de manera integrada.

(publicado en El Correo, 11 enero 2008)

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viernes, diciembre 28, 2007

LA RESPIRACIÓN ASISTIDA DE ETA

Cuando un comunicado oficial del gobierno vasco sobre una resolución judicial se parece tanto a lo que bien pudiera haber sido un comunicado de ETA publicado en el Zutabe es que estamos ante un problema. De muchas maneras se ha escrito, se ha dicho y se ha constatado que la comprensión, por expresarlo suavemente, del nacionalismo vasco hacia la “causa” etarra representa el oxígeno para la supervivencia de un patógeno social como ETA que, aún débil, continúa asesinando con la respiración asistida del abertzalismo. Ésa es la auténtica desnormalización política de Euskadi, tan planteada como raíz originaria de un conflicto a resolver. Cuando el gobierno de una comunidad autónoma se expresa como pudiera haberlo hecho ETA es que, francamente, existe un problema político.

El conflicto vasco, no obstante, no tiene la fisonomía que desde ETA y el abertzalismo se nos está vendiendo. Algunos argumentarán que los síntomas de desnormalización política en Euskadi son el efecto de una enfermedad, enfermedad que responde al diagnóstico de nacionalismo. A mi modo de ver, el nacionalismo es una opción política que tiene cabida en la democracia y que, después, nos puede parecer más o menos paleta, estrecha o narcisista. Lo que más bien parece, por el contrario, es que el nudo gordiano de la disfuncionalidad política vasca no es la mera existencia del nacionalismo, sino el hecho irrefutable que desde su propio seno germinara un grupo de individuos que decidiera asesinar para imponer el totalitarismo ideológico en la sociedad vasca. Desde los años cincuenta, ése es el problema de Euskadi, puesto que el PNV no ha sido capaz en todo este tiempo de enfrentarse con claridad a individuos que pensaban en aberzale, igual que el PNV, pero que querían obligar a otros a adoptar ese pensamiento por la violencia.

En todo lo referente a planteamientos políticos, cuando el PNV ataca a ETA se ataca a sí mismo. Por eso no lo hace. Es natural que la sentencia del juicio 18/98 haya escocido tanto al PNV y a EA, al abertzalismo vasco en genérico. Lo extraño hubiera sido lo contrario. Conviene recordar que el año en que se inician las investigaciones de la Audiencia Nacional que han determinado la condena penal, los partidos jeltzales habían suscrito un acuerdo que pretendía ser un pacto con las ideas, con el frente político, de ETA. En un auténtico ejercicio disociativo de negación de la realidad, el PNV pretendía rescatar con Lizarra esa porción sentimental del discurso político abertzale que comparte con ETA y desvincularlo de la violencia. Era esa pretensión imposible la que se reflejaba en el rostro de los responsables peneuvistas de la época cuando se extrañaban tanto de que el resto del planeta humano no entendiera que ellos únicamente estaban intentando proteger las ideas etarras, las ideas abertzales compartidas, al tiempo que reprobaban sus métodos. Nadie lo entendía porque no puede entenderse. No puede entenderse porque los métodos de ETA son indisolubles de sus ideas. Los miembros de ETA tienen unas ideas sobre política y sociedad en Euskadi y han decidido, como cualquier otro totalitarismo, que deben ejercer la violencia para obligar a otros a adoptarlas.

Una de las imposibilidades, bastante objetivas, en todo el tratamiento que el peneuvismo más ortodoxo hace de ETA es el intento de desligar los argumentos al servicio de la violencia de los instrumentos terroristas puestos al servicio de esos argumentos. No es posible porque la combinación de ambos, instrumentos violentos y argumentos, es lo que conforma la naturaleza de ETA. La desvinculación dejaría a ETA sin existencia. El argumentario abertzale separado de la violencia es equivalente al PNV. De hecho, así expuesto, es dificilísimo que el PNV pueda entender la sentencia 18/98 porque la identificación con el reo en su plano mental es tan elevada que el abertzalismo jeltzale se siente agredido por ella, por encima del cuestionamiento jurídico que toda sentencia puede y debe tener. O sea, dicho muy claramente, si ETA no fuera una organización terrorista y la violencia no estuviera presente, en su plano político podría ser una corriente crítica dentro del propio PNV. Por eso llegó Lizarra, por eso se ha ido Imaz.

En el momento en que se inicia la causa 18/98 el abertzalismo suscribía un pacto de hermandad al que se ha renunciado nominal pero nunca sentimentalmente. Lizarra es natural, porque abertzales son todos quienes lo firmaron. La misma familia, algunos de cuyos primos son antisociales y otros asesinos…. ¿qué hacer con ellos?, ¿expulsarlos de la familia?, ¿tratar de reconducirlos?; ante todo, evitar que sean extinguidos desde el exterior hasta que se encuentre la manera de hacerlos entrar en razón; porque son de los nuestros.

El sumario 18/98 supone tal avance del Estado de Derecho en su concepción del terrorismo que ni siquiera los ponentes de la sentencia ni el aparato legislativo han alcanzado todavía la pericia jurídica para dotarlo de la elegancia matemática que se requiere en un sistema garantista. El ejemplo más claro son las circunvoluciones alrededor de la Fundación Josemi Zumalabe, destinada por ETA a la desobediencia civil contra el Estado. El análisis que se hace sobre la sentencia en ese punto es que se está condenando el propio acto de la desobediencia civil o que se está criminalizando la opinión de unos ciudadanos. Oiga, es que la desobediencia civil en este caso es un ingrediente más del terrorismo, por eso se condena. Igual que las relaciones internacionales de ETA a través de Xaki no se condenan por xenofobia, sino porque es un instrumento al servicio del terrorismo. La complicación legal es que todavía no hemos afinado bien la técnica jurídica para contextualizar bien, tipológica, procesal y penalmente, que las conductas al servicio del terrorismo, por muy legítimas que sean cuando se realizan en otro ámbito social, en cuanto vinculadas y sirvientes de la violencia son penalmente, deben ser penalmente sancionables. A los desobedientes civiles de ETA se les acusa no por su desobediencia, sino porque está puesta al servicio del terrorismo, es decir, es una conducta no suficiente pero sí necesaria para el mantenimiento de ETA. Por tanto, delictiva.

(publicado en El Correo, 27 diciembre 2007)

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lunes, diciembre 10, 2007

ESTRATEGIA INTEGRADA CONTRA ETA

ETA ha asesinado a dos guardias civiles en Francia. El atentado no merece, a estas alturas, demasiado análisis. ETA es una organización criminal profesional y se dedica a asesinar. Lo hace cuando le interesa en función de sus propias dinámicas internas, el objetivo de las cuales es mantenerse asesinando para obligarnos a cambiar nuestro comportamiento colectivo por medio del terror. A estas alturas no debemos pretender que los etarras entiendan que el modelo colectivo de convivencia no van a cambiarlo con la violencia, porque el terrorismo para ETA ha pasado de ser un instrumento criminal para convertirse en un modo de vida, un modo de vida basado en la muerte de los demás, muerte civil o muerte biológica. Hemos llegado al final.

La política antiterrorista ha de estar basada en el desmantelamiento de ETA. Si ése no es su centro de gravedad, la política antiterrorista estará equivocada. Esa política puede articularse a través de varias estrategias, estrategias que han de acompasarse a las condiciones más favorables para el Estado en cada momento evolutivo concreto de la situación. Ha habido momentos a lo largo de nuestra democracia en donde la estrategia ha sido contactar con ETA y entablar conversaciones para encontrar una vía de desmantelamiento. En todas esas ocasiones de diálogo, ETA ha salido reforzada. Otra estrategia ha sido aplicar toda la presión del Estado sobre las distintas dimensiones que configuran a ETA, desde sus comandos asesinos pasando por sus siglas políticas, siguiendo por las empresas pantalla, sus finanzas o su comunicación. De esta estrategia, ETA habitualmente ha salido más o menos debilitada dependiendo de las coyunturas en cada uno de sus períodos históricos. En resumen, la estrategia de diálogo siempre ha fracasado y la estrategia de represión todavía no ha obtenido todos los frutos potenciales que podría conseguir.

La estrategia de la represión de ETA en política antiterrorista no ha funcionado nunca plenamente porque nunca se ha aplicado plenamente. Después de 1988 y sin llegar a cumplirse una década, la estrategia de la represión se enmarcaba en el paradigma político del Pacto de Ajuria Enea, pero su operacionalización era muy débil. Había acuerdo político, unidad de los partidos frente al terrorismo de ETA, las medidas policiales eran intensas y la cooperación con Francia mejoraba paulatinamente, pero la estrategia del Estado no era integral. Ajuria Enea no estuvo acompañada por una intervención decidida sobre el aparato político de ETA, ni sobre sus finanzas, empresas o sus comunicaciones. Por tanto, si contamos menos de una década después de firmarse Ajuria Enea, llegamos a la conclusión de que contábamos con unidad política, pero la falta de visión integrada de la acción del Estado, que no intervenía en paralelo sobre todos los frentes de ETA, se traducía en que la debilidad de una parte del entramado terrorista se compensaba con la fortaleza de otros de sus componentes.

Tras unos años de agonía de Ajuria Enea llegó otro pacto, el de Lizarra, en 1998. El acuerdo del nacionalismo vasco con ETA personificó la defunción de la unidad democrática contra el terrorismo. Sin embargo, casi como mecanismo de equilibrio, diversos poderes del Estado reordenaban la estrategia de represión dirigiéndola hacia una articulación más integrada y paralelamente distribuida contra casi todas las aristas de ETA. El fin de Ajuria Enea supuso el principio del mejor esquema operacional de la estrategia de represión de ETA en la historia, incluyendo planos de intervención legal allá donde antes había habido permisividad. Así, la Audiencia Nacional iniciaba la instrucción de causas contra las finanzas de ETA, se actuaba contra las empresas pantalla del terrorismo, se continuaba desarticulando comandos y, finalmente, tanto por vía administrativa como por la judicial se ilegalizaba el aparato del terrorismo dedicado a infiltrar las instituciones políticas. Continuaban quedándose fuera de la acción del Estado algunas parcelas del movimiento terrorista vasco que han penetrado la sociedad de Euskadi, como la sindical o distintas fórmulas antisociales disfrazadas de voluntariado, pero el Estado redujo a ETA a su mínima expresión. Incluso, la desunión política trató de paliarse con el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, que añadió solidez a las medidas antiterroristas aun dejando fuera a fuerzas políticas que no compartían la estrategia contra ETA, algunas como el PNV deudoras de Lizarra. El resultado de esta etapa fue un debilitamiento neto, apreciable y objetivable del grupo terrorista.

A partir del 2004, el presidente del gobierno reorienta la estrategia antiterrorista de nuevo hacia el diálogo para el desmantelamiento de ETA. Contaba (luego hemos comprobado que erróneamente) con que la desnutrición de la banda, fruto de la estrategia anterior, posicionaba al Estado en ventaja negociadora. La conclusión de esa intentona del Estado ya la conocemos, con el consiguiente reforzamiento de ETA y una nueva penetración de su facción política en las instituciones.

El análisis de la secuencia de tantos años nos desvela que dos son los parámetros sustanciales para un esquema efectivo frente a ETA. El primero, es que la desunión de los partidos políticos enflaquece la acción del Estado contra el terrorismo y fortalece a ETA. El PNV no ha debido de enterarse de esto (o se ha enterado muy bien) cuando continúa legitimando la mesa de partidos de la estrategia de ETA. La segunda enseñanza es que la estrategia del diálogo en la política de desmantelamiento de ETA nunca ha funcionado. Por tanto, la experiencia nos dicta que la combinación más eficiente para desactivar, con el tiempo que sea necesario, a ETA es articular el esquema más amplio, paralelo e integral de acciones individuales pero coordinadas de los poderes del Estado sobre todos y cada uno de los frentes del conglomerado de ETA, montado este esquema sobre un acuerdo amplio de los partidos políticos frente al terrorismo. Es decir, actuar contra ETA en cada una de las dimensiones de las que la propia banda terrorista se ha dotado para ejercer la violencia. Esto parece de sentido común, pero nunca se ha aplicado en su globalidad e integridad. Si a algún político le preocupa el recuento de votos, puede relajarse en ese sentido: la ciudadanía apoyaría esa estrategia integral sin cortapisas. De la misma manera, la última y paupérrima concentración de Madrid ha revelado que la población está harta de imposturas frente al terrorismo, que no cree en acuerdos de mentira, en pastiches publicitarios pre-electorales.

Zapatero tiene la oportunidad de reorientar definitivamente su estrategia frente a ETA en política antiterrorista siguiendo la modificación que ya había comenzado a poner en práctica desde el naufragio de la anterior estrategia de diálogo. Ahora, dos guardias civiles han entregado sus vidas proporcionándole al gobierno, en el marco de la tragedia, la palanca para operar en toda su extensión el giro estratégico apropiado que ya parecía estarse maniobrando, aunque con cierto apocamiento, desde el timón de la Moncloa. Es el instante preciso para regresar a la estrategia integral de represión de ETA que el propio Zapatero configuró en su propuesta de pacto por las libertades. Los primeros pasos los emprendió el Ministerio del Interior tras el atentado de Barajas y los ha continuado la judicatura. Ahora toca desarmar políticamente a ETA ilegalizando a ANV, cuyos fines y propósitos son tan evidentes que no será complicado reunir pruebas al respecto. A reglón seguido habrá que fiscalizar mejor al PCTV. Si la guardia civil desarticulara la cúpula de ETA en Francia se simbolizaría de forma ideal el asentamiento de una estrategia que ya es momento de que nuestros políticos comiencen a aplicar en toda su extensión. Después deberían venir medidas imaginativas que hasta ahora no se han ensayado para exprimir al máximo las posibilidades legales del Estado y reducir la presencia de cualquier partícula de abertzalismo etarra en nuestra sociedad. Como se demostró con la ilegalización de HB, estas capacidades del Estado, cuando se funciona como Estado, son mayores de las que se habían implementado hasta entonces. Todavía queda mucho potencial.

(publicado en El Correo, 9 diciembre 2007)

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